El enganche definitivo a la Televisión Digital Terrestre en el resto de la provincia será en abril del 2010.
Las 625 líneas tienen contados días para seguir rellenando las pantallas. Exactamente 685, según los planes del Gobierno, faltan desde hoy para que la televisión analógica desaparezca definitivamente. Pero el «apagón tecnológico» anunciado no se producirá al mismo tiempo en todos los lugares. En una treintena de municipios del suroeste de la provincia ocurrirá casi un año antes, el 30 de junio de 2009, conforme al calendario previsto.
El imperio del pixel está al llegar.
El 3 de abril del 2010 es la fecha señalada para el fin de las emisiones convencionales y la implantación definitiva de la Televisión Digital Terrestre. A partir de entonces las imágenes sólo aparecerán en los televisores de nueva generación tecnológica o en aquellos conectados un adaptador de TDT. No hay más alternativas. La televisión de siempre, la que nos ha acompañado desde su nacimiento, primero en blanco y negro y después en color, camina hacia su ocaso. Las 625 líneas que la configuran han entrado en la recta final. Hoy todavía compite con la TDT, pero su derrota está cantada. Las emisiones digitales pueden ser captadas en la práctica totalidad de la provincia. Según las estimaciones oficiales, la cobertura alcanza casi al 90% del territorio. Sólo determinadas áreas quedan aisladas de las señales debido a las características de su orografía. En este aspecto, la provincia de Badajoz está al nivel del resto del país, confirmaron fuentes de la dirección provincial de Telecomunicaciones.
Las dificultades técnicas para hacer llegar la señal a aquellos lugares donde no se reciben serán salvadas en su momento con las soluciones más adecuadas. Las alternativas pueden ser varias; entre otras, la instalación de reemisores o aumentar la potencia de las señales, señalaron las fuentes consultadas.
El reglamento de implantación de la TDT prevé el establecimiento de convenios para que los Ayuntamientos puedan dotarse de repetidores si las emisiones no son captadas con la calidad requerida. El pasado año fueron suscritos 13 convenios entre la Junta y Ayuntamientos para instalar otros tantos reemisores locales. Hasta ahora, se llevan financiados 88 postes, según datos del gobierno regional.
Las estimaciones oficiales calculan que alrededor de un 3% del territorio regional puede quedar sin cobertura y será necesario arbitrar medidas específicas. Allí donde sea técnicamente imposible transportar las señales por vía terrestre no se descarta la posibilidad de utilizar los satélites para hacerlas llegar. A esta solución ha recurrido, al parecer, el gobierno de Cantabria para poder servir la TDT en todos los rincones del accidentado territorio de aquella comunidad. Es una de las alternativas que podría escogerse para atender las zonas de sombra en la provincia de Badajoz, pero no hay nada definitivo, advirtieron en la dirección de telecomunicaciones.
Los datos del último Estudio General de Medios (EGM) correspondiente a Marzo, elevan al 27% los hogares extremeños con acceso a la TDT, ocho puntos por encima de las estimaciones del último trimestre de 2007. El porcentaje regional será probablemente algo mayor en la provincia de Badajoz dado que el perfil de su orografía es más favorable. Se colocaría así en las posiciones más altas por nivel de penetración.
La información más reciente que manejan los organismos involucrados en el proceso de adaptación cifran en unos 28.000 los edificios que están ya adaptados para recibir las señales digitales en Extremadura. Ese número puede equivaler a unas 191.000 viviendas, de las que en torno al 60% corresponden a la provincia de Badajoz. Los extremeños parecen haber sido muy receptivos a los mensajes que aconsejan adaptar los equipos para recibir las señales digitales. Alrededor de un 21% de los usuarios están en condiciones de captar en sus televisores los canales de TDT. La respuesta coloca a la comunidad en la quinta posición, tras Madrid, Cataluña, Canarias y Valencia, por nivel de equipamiento.
La audiencia de la TDT tiene un perfil claramente urbano, como reconocen los organismos que intervienen en el proceso de transición.